Más del 80% de la población en los campos de refugiados en Etiopía son menores

Entreculturas, junto con su contraparte en la región, el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), refuerza su trabajo en el Cuerno de África para hacer frente a una crisis humanitaria sin precedentes. El último campo de refugiados, abierto el pasado 4 de agosto, acoge ya a 7.000 somalíes que escapan de la hambruna que vive su país.

Un equipo del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) acaba de regresar de Etiopía, donde ha visitado los cuatro campos de refugiados en Dollo Ado (Bokolmayo, Melkadida, Kobe y Helawen) que acogen a más de 100.000 somalíes que han escapado de su país huyendo de una crisis humanitaria sin precedentes. Para llegar, tienen que caminar entre 18 y 19 días bajo el sol, intentando escapar de la hambruna que asola al país durante la peor sequía de los últimos años, y de la inestabilidad provocada por la ocupación de las tropas rebeldes de Al-Shabab.

“Lo que más me ha impresionado ha sido la gran cantidad de niños que hay en cada campo. Más del 80% de la población es menor de 18 años, y no tienen nada que hacer. La mejor manera de ayudar es construir escuelas. Si pueden ir al colegio, tienen algo significativo que hacer y están seguros. También les da una perspectiva del futuro”, así describe Frido Pflueger, el Director Regional del JRS en África del Este la situación en la región, y una de las prioridades en que se va a centrar el JRS. Una vez más, la educación se convierte en una intervención clave en situaciones de emergencia, no sólo salvando vidas, sino también garantizando la protección física, psicológica y cognitiva de niños y adolescentes. Y es que la educación es un derecho fundamental en todo tipo de situaciones.

El ARRA (Organización Gubernamental para la Administración de los Asuntos de Refugiados y Retornados) se ocupa de la educación Primaria, por lo que el JRS quiere centrarse en la Secundaria en alguno de los campos más antiguos, Bokolmayo o Melkadia, en los que el número de niños y niñas es muy elevado. “También vamos a comenzar con el apoyo psico-social, mediante actividades de deporte, teatro, etc, para que puedan hacer algo durante el día”, explica Frido.

A pesar de que el número de refugiados que llegan a los campos de Dollo Ado se ha reducido de 1.700 a 100-140 al día, todos los campos excepto el de Hellawen, que se abrió el pasado 4 de agosto, están completamente al borde de su capacidad. El 70% de la población llega en estado de malnutrición y aunque el índice de mortalidad está por debajo del estado de alarma, sigue siendo muy elevado. Además, se cree que muchas familias no reportan la muerte de alguno de sus miembros para poder mantener la cartilla de comida.

No sólo la malnutrición es la causa de dichas muertes. También ha preocupado a las organizaciones el reciente brote de sarampión que se está tratando de combatir mediante una campaña de vacunación en los campos. Asimismo, la infraestructura y el clima en los campos hace muy difícil la vida en ellos. “Están en una zona rocosa, por lo que hace difícil armar las carpas y construir letrinas. Además, el área es caliente, seca, y polvorienta”, informa Frido. “No podemos ignorar esta situación, es nuestra obligación moral”, asegura el Director Regional del JRS África del Este. El JRS va a enviar un equipo a trabajar a la zona en las próximas semanas, para hacer una evaluación en profundidad y comenzar, lo antes posible, con los programas educativos y de apoyo psicosocial a la población refugiada.

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